En esta mañana invernal
en la que todavía cantan
pájaros de fuego
trepo montaña arriba
patas desnudas de sangre
por encima de la humareda negra
de agonizantes fogatas nocturnas
Y busco nuestra casa
esa guarida que construimos
de besos y zarpazos,
de barro y espuma,
de caricias y lametazos de lobo
esa que habita en nosotros
y que marcó para siempre
la piel bajo la piel

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