No supe a qué sabían los sueños, hasta que viniste a colarte
en los míos, sin poderlo evitar mi mente a veces te piensa, se pregunta qué
será de ti, de cómo te va la vida, a veces manteniéndome en vela, hasta que
caigo rendida cerrando los ojos, y es cuando te cuelas en mi sueño, nos cruzamos
un educado saludo, con esa educación que permite el orgullo y miradas fugaces
no sea que revele algún interés recíproco que atrapan y envuelven.
Pero solo es
un sueño, ocurre cuando cae la noche abriendo su oscuro manto dejándome contemplar la
luna, ahí puedo verte siempre con la misma cara
